Leyenda

Sarasota homes

Existe una interesante leyenda acerca de Sarasota, ciudad protegida, escrita por el señor Chapline, quien la escribió después de pasar un invierno en el área en los años 1900. La leyenda cuenta el origen del nombre de "Sarasota". 

La leyenda de Sara De Soto

Chichi-Okobee, heredero de los guerreros Seminoles de Garza Negra,  llegó frente al campamento de Hernando de Soto. Ahí permanecía inmóvil hasta que los guardias de De Soto lo vieron. Ellos se acercaron, y Chichi les dijo que venía en función de paz. Cuando los guardias llevaron a Chichi-Okobee frente a su jefe, De Soto ordenó que lo mantuvieran como rehén para que pudieran estar seguros en su paso por el área. En los Everglades,  Chichi-Okobee vió a Sara, la bella hija del jefe blanco, y se enamoró de ella instantáneamente. 

En su paso por los Everglades, Chichi-Okobee se enfermó. Los médicos del campamento trataron de sanarlo, y pronto se rendieron. Esperando su muerte, Sara de Soto pidió permiso para acompañarlo en sus momentos de muerte. El amor que él sentía por ella fue mejor que cualquier medicina y él se recuperó totalmente. Un tiempo después Sara se enfermó, y los médicos no pudieron hacer nada por ella. Chichi-Okobee le pidió a De Soto que lo dejara ir a traer al médico chamán de su tribu, para que él salvara a Sara. Logró que lo dejaran libre para traer al único ser que podría salvar a su adorada Sara. Cuando el médico Chamán llegó, hizo todos los rezos y conjuros que conocía, pero sus esfuerzos fueron inútiles. Sara murió.  Totalmente deshecho con la noticia, le confesó a su padre el amor que sentía por Sara, y le pidió que le permitiera enterrarla en un sitio sagrado. De Soto aceptó.  

 Okobee le describió una bahía tranquila, el lugar más hermoso a lo largo de las playas de la Florida. De su campamento trajo 100 guerreros para formar una guardia de honor para acompañar a Sara.  Tres grandes canoas se encontraban en la playa. En la primera y más grande, pusieron el cuerpo de Sara De Soto. Su padre y un guardia eran los únicos pasajeros a bordo de esta embarcación, empujada por Chichi-Okobee. Los cien guerreros tomaron su lugar en las dos canoas restantes. Una vez en el agua, Chichi-Okobee ordenó que la flota funeraria llegara a un sitio escogido por él. Allí puso el cuerpo de su amada en el agua para que bajara a las profundidades del océano.  Chichi-Okobee fue remando y se subió a la canoa principal de sus hombres, dejando a Hernando De Soto, su guardia y remeros en la barcaza fúnebre. A la señal de Chichi-Okobee, todos los guerreros empezaron a cantar el canto de guerra, mientras con sus hachas rompían las canoas en las que se encontraban hasta que se hundieron y todos desaparecieron.

Chichi-Okobee y sus cien compañeros de armas, habían ido a guardar el lugar de reposo del amor de su joven cacique. La bahía se conoce como "Sarasota Bay" desde entonces.  Los ancianos de los Seminoles repiten la leyenda a los niños y dicen que los espíritus de Chichi-Okobee y sus guerreros están en eterno combate con los espíritus del mal y los hijos del dios de la tormenta, sosteniendo el paso al golfo y protegiendo el lugar de descanso de Sara De Soto. 

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